CUENTO, "MOMENTOS"

 Introducción:

Este es un cuento largo de fragmentos que se pueden unir para dar pie a una historia lineal o con saltos, puedes leer la primera parte, después la segunda y así sucesivamente.

Si quieres leerla cronológicamente tendrás que seguir este orden:

  1. Primera parte
  2. Cuarta parte
  3. Tercera Parte
  4. Segunda parte
  5. Quinta parte

No sé realmente cómo afecte la lectura de este cuento el orden en el que lo lleves, pero espero que puedas disfrutar lo que para mi fue el cierre de un ciclo y una tarea obligada hace un año.



Primera parte.

–¿Gabriela, estás conmigo solo por interés?

Héctor sentado en su cama miraba a su novia quitarse el vestido verde de gala, ella sin dejar de luchar con el cierre le contestó como siempre a esas preguntas que de vez en cuando la irritaban tanto.

–¿Interés por que exactamente?

El no contesto, se quedó mirando al piso, frotaba las yemas de sus dedos contra las cutículas, un suspiro de resignación flotó de sus labios, espeso y con la sensación de cansancio.

–No entiendo, ya es la segunda vez que me preguntas algo así esta semana, nunca te he pedido que hagas algo por mí, ¿qué interés tendría?

Deslizó la tela hasta sus pantorrillas y lo miró notablemente irritada.

–¿Interés por tu dinero o interés por ti?

–¿No estás conmigo solo por no quedarte sola?

El frío de aquella noche provocaba que ella tiritara, pero el temblor de las manos de Gabriela no se debía solamente al clima, parecía el inicio de otra pelea que ella alargaría y él se arrepentiría de haber iniciado, se recogió el cabello en un chongo alto, sus manos se movían rápidas, de un lado a otro buscando con que sujetarlo.

Dejo caer su cabello resignada, se llevó las manos a la cintura y observó al hombre que no dejaba de mirarla, tenía esa expresión que ella se sabía de memoria, un remolino contenido de furia y miedo, la boca entreabierta como un perro antes de saciar su sed y la cara enrojecida a pesar de la tez bronceada que disimulaba algún rubor.

–Creo que me daré un baño, ¿no te importa si hablamos del tema en otro momento?, aún tengo sabor a cobre en los labios, siento que mi cabeza va a explotar, últimamente sueltas esas preguntas en los momentos menos indicados.

El tono de voz juguetona era la de una madre hacia su hijo después de haber dicho algo inapropiado, caminó lentamente hacia el espejo del tocador, se examinó a detalle con la yema de los dedos desde la frente hasta el cuello, el reflejo la dejaba observar a su novio que estaba en el mismo lugar solo contemplándola.

–Pensé que ya te habías quitado la sangre en el restaurante, ¿Puedo acompañarte?

–Siempre puedes.

La vista que Héctor tenía de su novia le hacía querer tomarla como un ramo de flores y aspirar el aroma que desprendían los pétalos, quería tenerla solo para él y soltar esa duda en su corazón.

Hace apenas tres horas estaban festejando año nuevo, se habían reunido con unos amigos para despedir el año y anunciar que se iban a comprometer, estaba planeado sorprenderlos antes de medianoche, justo en el brindis.

La cita fue en la sala de fiestas de un hotel, tuvieron que rentar una habitación por la lejanía, estaba nevando y el ambiente rústico le fascinaba a la anfitriona, no le importaba si a cambio sus amigos dormían congelados.

–¿Podrías encender la radio o la televisión?, no quiero escuchar mis pensamientos.

Las palabras brotaban del cuarto de baño entrecortadas, como a punto del llanto, entre las gotas de agua y la música de jazz que sonaba a altas horas de la madrugada, Héctor decidió recostarse en la cama, cerrar sus ojos y tratar de evitar echar a perder más las cosas.

Entre el negro de la nada y la imagen de su novia hace unos instantes, la sensación de querer tocarla lo invadía, era una comezón que debía saciar, pero no debía, no si ella se iba a ir en cualquier momento y el desarrollara una abstinencia semejante a lo peor que se podría consumir.

Héctor repasaba lo que había sucedido.

Anunciado su compromiso, pidieron que todos intentaran prestarle atención ante la inminente cuenta regresiva, el problema fue que de inmediato Gabriela se retractó, después de que todos gritaran y cubrieran sus bocas por la gran sorpresa.

–¡N-n o, no es cierto!, es una broma, aún no podemos comprometernos formalmente, pero quiero aprovechar para sembrar la semilla, probablemente el próximo año comencemos con los preparativos– se sentía el miedo en el tartamudeo inicial.

La incomodidad que todos tenían fue rápidamente borrada por el conteo 10, 9, 8 . . .

Héctor que estaba parado a su lado le soltó la mano como primer reflejo, la pantalla marco cero y todos festejaron el inicio del 2017. Incluso ellos, al darse un beso que siguió con una contemplación de lo que estaba pasando, Héctor fingió sonreír.

El olor del jabón de jazmines y vainilla que despertaba sus sentidos en las mañanas ahora era abrumador, lo devolvió al presente e intentó acomodarse en la cama y dormir, pero el tarareo de Gabriela no lo dejaba tranquilo.

¿Cómo podía ser tan cruel?, amaba su voz, ella le leía la novela mensual que les llegaba solo por que nunca recordaron cancelar la suscripción, le encantaba escucharla ya que era una excelente narradora, esa voz que a veces cantaba éxitos de los 90´s predominantemente y que el odiaba por cursis, esa voz ahora lo llamaba como las sirenas a Odiseo, ¿qué intenciones escondía?

–Pensé que vendrías, puedes entrar ahora, ya casi termino.

Le ordenó entre líneas y en menos de un segundo estaba en la puerta del baño, arrojo su camisa al cesto de ropa sucia y dejó sus pantalones en la entrada de la regadera, su corazón palpitaba a destiempo con la suave melodía de la radio, no soportaba lo débil que era ante ella.

–Ven.

Parece que olvidó colocarse cera en sus oídos, se acercó al chorro de agua tibia y la tomó por la cintura, la diferencia de estaturas lo hacía inclinarse hacia abajo, la acercó su cuerpo frío y el rechazo momentáneo de ella fue seguido de un grito agudo y un reclamo ocupando su carta preferida, su cariño.

–Eres un cubo de hielo Hito.

Como le decía en un intento de abreviar su nombre.

–¿Cuándo les diremos a tus padres que nos casamos?, no entiendo la forma en la que lo mencionaste hace rato, ¿Por qué dijiste que era una broma?

–Me dio miedo, verlos a todos ahí, yo sé que te había dicho que primero quería anunciarlo con ellos para quitarme los nervios del anuncio formal en mi casa, pero me aterre de lo que viene y luego sucedió lo que sucedió, no sé si podré anunciarlo a mis padres y tengo tanto miedo de lo que puedan decir los tuyos, no creo poder hacerlo.

Después del beso y del conteo final en el restaurante, Gabriela se dio vuelta bruscamente y la bandeja que tenía las copas vacías la golpeó en la cara, aún sentada en la esquina de la mesa intentó salir corriendo de ahí.

Sus labios tenían heridas frescas y comenzaban a inflamarse, el agua caía alborotada sobre su rostro, Héctor la beso suavemente y la abrazó como lo había hecho en su primer día, con miedo de romperla como el cristal.

La miró diferente, sus ojos enrojecidos, los labios palpitantes y toda ella húmeda tan cerca de él, había crecido, tenía la imagen de hace 10 años tan marcada como un sello en su cerebro, ahora solo reconocía que se había equivocado, que la venus que estaba dispuesto a devorar ya no era divina.

Ni siquiera si podría compararla de esa forma, él se había encargado de elevarla en un pedestal, de preferir ceder antes de perderse una noche a su lado, ella que era tan orgullosa también anteponiendose a los caprichos de su ser mortal cuando se trataba de reconciliaciones nocturnas.

¿No es la naturaleza de un hombre así?

La miró y le dolió tanto lo que iba a hacer, como se arrepintió de no haber sido firme de vez en cuando, esa noche ella ya había dado el grito de auxilio que necesitaba, ella no lo amaba y él la amaba tanto.

–No tengas miedo, no habrá boda.

Respondio, y después de eso, se fue.

Segunda parte.

Tenía una o dos horas libres para poder sentarse a solas un rato, recién comenzaba con su nuevo trabajo y el almuerzo en la cafetería de la empresa era caótica.

Trabajaba en un edificio en donde debía usar elevador para poder acceder al baño, en donde lo conocían como el hijo pródigo y no sabían como tratar con él, no era nadie, era un peón más, pero con el potencial de escalar a reina.

*CAMBIO DE NARRADOR*

No, prefiero escapar un poco de ese ambiente, no puedo aguantar a otro hombre a mi lado tratando de descubrir que color de corbata me queda mejor, ¿por qué usaría corbata en primer lugar?

Tal vez a eso llaman presión social. . .

Comencé a caminar sin rumbo para alejarme de cualquier rostro conocido, quería arrancarme los ojos de mi padre y la nariz de mi madre, la voz que recordaba al abuelo y todo mi ser de un jalón a un plano diferente.

–¿Héctor?

Alce la vista al escuchar mi nombre, ya estaba cinco cuadras debajo de la oficina, ¿Quién me había llamado?

-¡Héctor! Que alegría encontrarte, han pasado casi tres años desde que te vi en la fiesta de graduación de tu hermano. ¿Cómo has estado?

Se trataba de un amigo de la infancia, compartí con David seis años de primaria y éramos inseparables, no había cambiado nada, tenía la misma cara de niño y usaba el mismo tipo de lentes de fondo de botella que lo caracterizaba.

–¡David!, No sabía que estabas en el país, pensé que te habías ido para nunca volver por estos rumbos.

–Eso pensaba, pero me desentendí con mi esposa, estoy cambiando de aires.

Nos alejamos de la calle hacía una cafetería que conocíamos desde siempre, no hizo falta ponernos de acuerdo, solo caminamos hacia ella.

–¿Cómo que te desentendiste?, ¿Están pensando en solucionarlo?

–No mi estimado, no hay solución, ya lo intentamos, recién hace un mes saqué mis cosas y me vine a ver a mis padres, ellos no saben nada, no sé como decirles, ellos la adoran, es la madre de sus nietos.

Una mesera nos ofreció la carta y nos miramos confundidos, antes tenías que ir directo a la barra a pedir un café y lo que sea que tengan para almuerzo.

–Dos cafés porfavor.

También las mesas eran diferentes, el color del interior y el decorado minimalista nos desconcertó recién llegamos, hace unos meses había venido a comer aquí, es irrelevante pero me sentí triste por ello.

–No quiero interrogarte, el motivo que lo haya causado no importa, si me permites me alegraré de verte hoy, a pesar de los problemas me pone de buenas saber que tengo un amigo cerca, espero que me consideres uno y que te sientas libre de llamarme cuando lo necesites.

–No dudare en hacerlo amigo, ya hasta hablas como un adulto, pero estoy bien, te diré el motivo, necesito decirlo; Una noche después de la cena, la llamaron para cubrir turno, había salido tan deprisa que dejó su computadora abierta, a medio escrito de algún documento para su jefa, lo guarde en borradores por si resultaba ser algo importante, entonces no pude resistirme, abrí su bandeja de entrada y revise todos los mensajes, las conversaciones con su madre, las cartas que redactaba para sus hermanas y no me gusto lo que leí.

-No sé que decirte, abriste la caja de pandora, no puedo ser condescendiente contigo.

Lo interrumpí para ofrecerle una servilleta, comenzaba a lagrimear.

-Salí a media noche hacia su trabajo, la esperé afuera y le reclamé todo lo que leí, discutimos, ella me miró como nunca, no sé cómo describir esos ojos, nunca he tenido la facilidad de describir esas cosas, eran como los de tu madre cuando repruebas un examen y los de tus hermanos cuando le soltabas un golpe por error mientras jugaban rudo. ¿Me doy a entender?

-Creo comprenderte, ¿lo hablaron después con calma?

–No como se debía, nos distanciamos pero seguíamos juntos, evitamos estar solos y comenzó a guardar sus cosas en el cuarto de los niños, así hasta que una noche mi pequeño comenzó con fiebre alta y vómitos, incluso aunque ella es enfermera y siempre atendía los sustos nocturnos, esta vez algo andaba mal, comenzó a convulsionar y los dos estábamos muy asustados, lo llevamos a urgencias y mientras lo atendían yo la abracé, ella me tomó de las manos y recargo su cabeza en mi hombro, pensé que estaba resuelto, almenos lo intentaríamos por los niños.

–Aquí tienen su café, gustarían ordenar algún desayuno, tenemos un especial de huevos con panceta y jugo del día.

La señorita que nos atendía espero a que David se limpiara la nariz y se llevo las cartas, dos desayunos de la casa estaban bien para nosotros.

Le pregunté por su hijo, pero parece que no escuchó mi pregunta por que siguió con su relato.

-Entonces amigo, viví el infierno, nunca había sido tan celoso, en los mensajes no había evidencias de nada, solo comentarios acerca de mí, mentiras todas por supuesto, pero al final la imagen que tenía su familia de mi era la de un extraño, les contaba lo triste que se sentía a mi lado, que alguna vez pensó en abortar a nuestro hijo, ¿puedes creer que todo eso hablaba con su madre?

Tomé un sorbo de mi café y dejé que siguiera hablando, algo me decía que necesitaba desahogarse.

–Le mandaba mensajes para confirmar su salida del trabajo, le pedía que me mandara fotos de su turno, no confiaba en ella, sentía que la obligaba a estar conmigo, ella no soporto tener a un hombre tan despreciable como sus mensajes lo describían.

Si antes me detestaba, ahora me odiaba.

Así que pedimos el divorcio, ella se queda con los niños, la casa y yo me llevo algunos ahorros para establecerme aquí, soy afortunado de poder trabajar libremente en cualquier lugar, todos necesitan un carpintero, aquí y en china.

–Comprendo todo, y espero que puedas restablecerte, te conectare con amigos para reparaciones, puedes quedarte en la casa de mis padres si quieres, ellos están viviendo con mi hermano ahora mismo, la casa esta vacía, pagamos por que vayan a limpiar y quedarse un tiempo cuidandola, puedes ocuparla, hablaré con mi hermano.

–He sido un completo egoísta hablando de mí, olvidaba que un divorcio no es el fin del mundo, tengo amigos y gente que me aprecia como tú, ¿Cómo está tu hermano?

–Muy bien, y mis padres están cómodos.

El olor de los huevos y panes recién horneados despertaron nuestro apetito, devoramos nuestro almuerzo en silencio y después de contemplar el vapor de nuestras tazas de café por varios minutos, miré mi reloj, había pasado una hora ya, tenía otra hora libre todavía

–Olvide felicitarte por tu compromiso, mi hermana me dio la noticia hace unos meses, le llegó su invitación, no he ido por ella, gracias por contemplarme, ahora justamente estoy libre para asistir.

La sonrisa sincera de un hombre a quien recién vi llorar mientras trataba de describir su punto de vista de lo que fue un derrumbe en su vida, ahora ilumina su rostro.

–Si, me caso este abril, era la única fecha disponible.

–En hora buena, espero que aprendas de los errores ajenos, que cuides tu matrimonio como el tesoro que es, ¿qué ha dicho tu familia, es la adecuada para sus estándares?

Solté una carcajada como nunca, entonces percibí las miradas de la fila de espera, la cafetería comenzaba a llenarse, las 9 de la mañana era la hora pico, nos levantamos a pagar la cuenta y nos retiramos para dejar una mesa disponible, comenzamos a caminar hacia el parque, igual que hace rato no hizo falta decir nada, sabíamos que ahí podríamos hablar un poco más.

–Que bueno que recuerdes a mi familia con tanto detalle, la han conocido desde hace tiempo ya, es adecuada como dices.

El día parecía nublado, pero la sensación térmica aumentaba por la humedad, me quité el saco y lo colgué en mi brazo, mi amigo llevaba como siempre un pantalón pescador y una camiseta blanca, no recuerdo verlo diferente.

–Antes solía visitarte seguido, a pesar de tu abuela, me daba tanto miedo, cuando me invitabas a jugar me ignoraba aunque yo intentaba saludarla, también a Beto, tenía 5 años cuando lo conocí, ahora es mas alto que yo.

La brisa fresca por el área verde me dio la señal de refugiarnos un momento en las bancas debajo de los árboles.

–La abuela era alguien inolvidable, pero si estuviera con nosotros estaría feliz por mí.

–¿La amas?

La pregunta repentina me desconcertó, nadie me había preguntado si amaba a mi prometida, era algo obvio y visible.

–Si.

–Se nota, me gustará tanto acompañarte ese día, rentaré un traje adecuado, creo que vi algunas fotos que me mandaba mi hermana de ti, se ven muy felices.

–No tienes que ir tan formal, no será como crees, no será el evento que mi familia acostumbra.

–Si tuviera el fondo familiar que tienes, haría una boda gigante, contrataría al mismo papa para que la oficie.

–La pagaremos juntos, recién comencé a trabajar para engordar ese fondo que dices, no puedo abastecerme de él, renuncie a ese derecho.

Mi amigo abrió los ojos al escuchar que ahora su mejor amigo esta igual o peor que antes.

–Te deseo buena suerte, a ti y a tu esposa, ¿Gaby verdad?

Entendía la confusión, pero lo tuve que aclarar.

–No, se llama Helena.

Tercera parte

Nuestra primera pelea fue todo por mi culpa, para entender que fue mía ella me tuvo que explicar a detalle.

–No sabía que fueras así.

La sonrisa se borró de mi rostro, como un balde de agua limpiando el dibujo infantil del patio, cambió de actitud en cuanto miró mi pantalla de teléfono.

–¿Así como? – respondí de inmediato preocupado.

–Me habías dicho que terminaste con tu novia.

Ambos estábamos recostados en el pasto fresco que recién habíamos colocado, Helena se había ofrecido a ayudarme con las instalaciones de mi nueva casa.

–Lo hice

¿A que se refería? ¿No fue ella quien se ofreció a ayudarme a vivir solo? ¿No fue ella quien me escucho cuando me sentía tan mal?

–Le has deseado feliz cumpleaños hace unos momentos, ¿qué significa exactamente?

¿Qué significa?

Ni yo lo sabía, ya habían pasado meses desde que la vi, esa noche que salí a medianoche a dormir a un hotel, que me quemaba por dentro tratando de resistirme a volver con ella, solo taladraba en mis oídos sus últimas palabras. –Si así lo quieres, esta bien.

Ninguno de los dos queríamos decir las verdaderas razones por las que teníamos que separarnos, éramos inestables pero nos atraíamos tanto, nunca supo mis razones y yo sospechaba su falta de resistencia.

Después de tantas peleas y dudas, ¿necesitábamos hacernos daño para caer en cuenta?

Me obligue a descansar unos días antes de manejar de vuelta a casa de mis padres, renuncie a mi empleo y me aleje, lo más que pude.

Como siempre ella quiso subestimar los hechos, quiso parecer fuerte y sugirió ser amigos, yo con tal de no sentirla perdida le contestaba mensajes de vez en cuando, una noche me llamó para avisarme que tendría una entrevista de trabajo como agente de viajes, ella daba el perfil y yo la anime, me dijo que podría recomendarme, pero ese gesto amable me pareció una grosería, pude ver su rostro inexpresivo de nuevo a través del teléfono, la conocía tanto.

Rechace su oferta y le di a entender que tenía planes diferentes, ya no trabajaría en la industria turística, no le di detalles, pero creo que, por primera vez, la rechacé.

Después de esa llamada, sus mensajes fueron cada vez más escasos, justamente hoy el día de su cumpleaños la habia felicitado, ella no me mando nada en el mío, pero me respondió enseguida con un fragmento de un poema que le había recordado a mis días como poeta intentando conquistarla.

No veía cómo podía ser algo ofensivo, pero ahí estaba Helena, sentada a mi lado, con sus largas piernas descansando en mi regazo, esperando una respuesta.

–No sé, solo somos cordiales de vez en cuando, pero ya no sé nada de ella.

–Parece que recuerdas la fecha de su cumpleaños aún, esos detalles se deben diluir, debes dejar de pensarla en tu día a día, no es justo para mi.

Me quedé mirando el pasto entre mis dedos, si abría la boca y balbuceaba lo primero que se me ocurriera, iba a comenzar a sudar y podría arrepentirme de mis palabras.

¿Recuerdan ese revoloteo en el estómago de cuando sales a una primera cita?

Ella me hizo sentir así después de tanto tiempo. Me animé a tomarla de la mano, ella la había dejado sobre mis rodillas y ahora entiendo por qué.

No éramos nada entonces, la conocía de mucho tiempo, íbamos a clases de música, ella es cinco años mayor, así que no fuimos amigos como lo fui con su hermana menor Olivia, con la cual practicaba la guitarra mientras sus padres me invitaban a comer pan seco con té de hierbas.

Ambos eran socios de mis padres en el despacho, a mi me parecían como el prototipo de familia feliz, me aterraba que ellos hablarann hasta por los codos, mi familia era de pocas palabras.

Mi padre me dijo que estaría en la ciudad unas semanas y no conocía a nadie más, sería agradable que me distrajera un poco de mi trabajo arreglando la casa y la llevara a comer.

Salía con ella y nos entendimos mutuamente, era fácil de leer, cuando sonreía se le marcaban las arrugas de los ojos, cuando llegaba a recogerla me tomaba del brazo como si ella fuera el galán.

No podía dejar de compararla con Gaby desde que la conocí, eran polos opuestos en todos los sentidos, Gabriela era como un gato, debías aprender cómo amarla, ser cauteloso y a veces solo apreciarla mientras está a tu lado, no mostraba su cariño en público, pero cuando marcaba la pauta te dejaba explotar y a veces era demasiado.

Helena era como yo en esa época, tratando de acercarse con cautela y esperando el momento adecuado, solo que mas bien yo sería como un gato callejero, desconfiado y flaco.

Como ese gato inoportuno que se pierde entre la lluvia y tienen que buscarlo entre cajas apestosas, que ni siquiera se daba cuenta de lo que estaba pasando y cuando Paul varjak sale en escena, el no duda en salir corriendo.

Me hizo borrar contacto de inmediato, así como dejar de contestarle, me pidió que me despidiera de ella por fin y que dejara de compararla en secreto.

¿Cómo supo que lo hacía?, Quizás es algo natural, el dejarse llevar por los recuerdos, pero Helena merecía mucho mas que un ser ahogado, retenido por una soga invisible que me marcaba hasta los huesos.

Después de nuestro primer beso sobre el césped fresco, los días no se detuvieron, anunciamos nuestro compromiso para abril, la fecha exacta aún no la tengo clara, pero tengo por seguro que se realizará sin contratiempos.

CUARTA PARTE

–¿Qué fue lo último que te ha dicho?

No entendía a que venía su interrogante, mi hermano Alberto me ayudaba a vaciar las últimas cajas del camión de mudanza, era algo sumamente extraño de su parte, siempre se habia quedado a un lado en mis asuntos.

–Me dijo una tontería, realmente no me acuerdo.

–Me sorprende que te hayas despegado así de fácil, eras capaz de manejar toda la noche para verla.

–Ya entendí por que te ofreciste a venir, eres un carroñero.

Levantaba la última caja del piso y verificaba que no se haya dañado en el camino, no quería verlo a los ojos, tenía esa fastidiosa sonrisa.

–No lo soy, pero me sorprendió, pensé que te casarías con ella, nunca la conocí y me da curiosidad saber lo que pensaba de ti.

–Ni yo sabía lo que pensaba de mí.

No volvimos a hablar en toda la hora que desempacamos cajas de ropa, trastes y víveres enlatados.

El lugar en donde me quedaría un mes antes de poder comprar una casa era el estudio de Alberto, ahí guardaba sus pinturas, solía quedarse aislado de su familia por semanas, era como un refugio para él, para mi era un cuartucho con olor a thiner.

–Te dejare instalarte solo desde aquí, cuídate y deja la ventana abierta un rato más para que salga el olor, no he venido desde hace meses, he estado ocupado con mi familia, ¿ya te dije que Clara está en clases de piano?

–Que bueno, ¿por fin vas a convivir con tu familia?

–Ahora que estarás viviendo aquí, . . . si.

Mi hermano estaba disfrutando tanto el verme ahí, por las razones mas perversas que pueda imaginar, pero almenos estaba conmigo.

–Sobre lo que me preguntaste hace un rato.

–¿Sobre que?

–Me pidió que no volviera a decirle bonita a alguien más, que era cosa de ella.

La caja que sostenía el peso de Alberto, se desplomó, corrí a levantarlo y al tomarlo del brazo me dio un abrazo.

Permití que durara unos segundos y después de sentir un golpe crudo en la espalda, me volví alejar unos pasos.

–¿Qué contestaste a eso?

–Le pedí que no dejara que nadie la lastimara.

–Que ironía, Rubí me contó lo que sucedió en su fiesta de año nuevo, me dijo que no le pareció gran cosa lo que había pasado, vio a una mujer aterrada, les critico obviamente el mal gusto por anunciarse en tan inoportuno momento, le conteste que seguro habia sido idea tuya.

Tomó la caja de cartón deshecha y la rasgó para doblarla, esperé a que terminara, Alberto no puede hablar mientras rompe algo.

–Esa costumbre de querer presionar para que la gente te demuestre su lealtad es muy tuya, coincido con ella, fue de mal gusto, ¿Fue idea tuya verdad?

–No lo recuerdo, pero estoy seguro que lo acordamos los dos.

–Entonces se habrá adaptado a tu carácter, solo intervenía para defenderla de los chismes que se generaron en esa noche, la recepcionista llamó a la policía para buscar a un hombre que salió del hotel en plena montaña nevada y temía que mancharas su reputación, te encontraron kilómetros adelante y te escoltaron a otro hotel.

La ventana dejaba entrar el fresco de la noche, habían pasado toda la tarde ocupados, Héctor estaba cansado físicamente, pero lo que más le acababa eran las interrogantes que le intentaban sacar hasta la última gota de dolor.

–No fue la policía, fue el equipo del hotel y ella les había marcado para que me buscaran, no fue el gran escándalo que esa metiche cuenta.

–Como sea si generaste un tema de interés en los invitados y en la familia, la defendí por que sabía que habías armado un gran berrinche de nuevo y seguramente ella solo estaba aguantando las consecuencias de su inmadurez al elegir quedarse contigo.

–¿Ahora eres juez de carácter?

–Si, lo soy desde que cumplí con las expectativas de nuestro padre, ya a nadie le interesa lo que hago y eso me da tanta claridad mental, puedo ver a través de todo y ahora veo arrepentimiento, no tuyo, si no de ella.

–¿Que tarde se dieron cuenta no crees?

–No hermano, arrepentimiento de no haberte soltado mucho antes, era como un parásito a un árbol enfermo.

–¿Por qué creíste que debías defenderla de los chismes?

Me quedé pensando en aquella frase, me detuve de preguntarlo enseguida, pero tenía gran curiosidad, ¿qué le importaba a Beto como se sentía ella si jamás habían cruzado palabra?

–Pensé que ya te habia explicado eso, sinceramente pensé que te casarías, debo confesar que escuche una platica que tuviste con nuestro padre, esa en donde te preguntaba tus intenciones con ella, parecías convencido.

–Entonces defendías a tu futura cuñada– No le creía nada, defenderme a mi o a mi futura esposa le daba igual, era el interés en saber si estaba embarazada, si había tomado alcohol o si había hecho algo que afectara su interés monetario.

–Defendía mi apellido.

–La defendí hasta donde pude también, pero ya no es nada, tengo que admitir contigo que incluso siento desprecio.

–Si renuncias a tu apellido, a tu dinero y tal vez a tu carácter por ella, no la desprecias, estás encadenado, ¿harías eso por alguien más?

–Si no es una loca como Gabriela, sí.

Alberto sorprendido, se quitó la faja de carga que lo había obligado a usar, tomó su saco del respaldo de la silla y se retiró sin más. Lo había dejado claro y yo empezaba a enojarme.

El sonido del motor alejándose me dio tanto alivio, Alberto no tenía ningún derecho a opinar sobre mis fallas, tal vez sentía lastima por mi y lo disfrutaba, tal vez pensaba que estaba bastante mal y se preocupaba por mí.

Aproveché el tiempo a solas para mirar sus pinturas, algunas eran réplicas y otras me parecían originales, había varios paisajes que conocía por los viajes familiares de la niñez, un intento de “El almuerzo de los remeros” en etapas de bosquejo y un Rembrandt que me había prometido regalarme, estaba a punto de reírme de un intento de Dalí con malas proporciones cuando noté una cara conocida.

Envuelto en papel plástico y con los bordes protegidos, los rasgos diluidos por el reflejo de la lámpara, estaba una mujer sentada en el sillón de mi abuela, ese sillón de terciopelo verde que habían dejado en el comedor de la casa para recordarla, era Olivia.

No aguante la curiosidad y comencé a desnudar el cuadro de todas esas capas de plástico, rompí la tensión con mis dedos y desgarre varios metros que lo cubrían del polvo.

Olivia era una vieja amiga de la infancia, jugábamos por las tardes después de nuestras clases de música y al ser de la misma edad, nuestros padres fantaseaban con nuestra unión a futuro, no veía mal esos comentarios, todos me decían que, si lograba hacerlo, sería un héroe.

A diferencia de varios compañeros de escuela, ella solía ser apegada a su familia, no salía de casa a excursiones y solamente tenía contacto con el exterior por mi y las clases particulares que la mantenían ocupada.

A pesar de las burlas y de las insinuaciones que los adultos pretendían, ella solo me guardaba un cariño fraternal y parecía interesada en estudiar en el extranjero antes del matrimonio, la había dejado de contactar desde los 19 años y ahora la veía en el cuadro de Alberto.

Usaba un vestido rosado de holanes y un maquillaje que en ella lucía cargado, se veía mucho más bonita al natural, mostrando sus pecas y el lunar debajo del ojo izquierdo, como la habían arreglado lucía linda sin duda, pero tenía más encanto con el cabello revuelto y su uniforme de preparatoria, imagen con la que me quede.

De inmediato tomé un pequeño paño y limpie el marco para sacarle brillo a la caoba que lo adornaba, busque un lugar adecuado y lo colgué en lugar del bodegón sobre la chimenea.

Guardaba un profundo respeto para Olivia, era alguien a quien deseaba ver a mi regreso en casa, pero sabía que estaba lejos, mucho más centrada en su vida que en complacer viejos amigos.

También un enamoramiento de infancia, ahora no sabía si despertaba los mismos sentimientos, acababa de tragar una pastilla amarga que me provocaba náuseas al pensar siquiera en tener alguna relación, no quería que terminara la admiración que le tenía, era como faltar a mi mismo.

Si la lograba ver, sería como ver algún ave a lo lejos, cómo apreciarla en esa pintura, pagaría lo que sea por tenerla en mi poder, le imploraría de rodillas a Alberto que me dejara tener el cuadro mientras estuviera aquí, pero por la forma en la que lo guardaba, entiendo que es un encargo para ella o su familia.

La curiosidad de saber cuánto le cobraría por la pintura me hizo buscar la cuenta o el pedido, Beto los guardaba en carpetas que arrojaba por doquier o los archivaba en los cajones.

Abrí cada carpeta y cada carta que tenía su escritorio, me enteré que no le va muy bien como pintor, pero ha hecho amigos que están dispuestos a darle un poco más como forma de ayudarlo a seguir pintando.

Una nota decía que esperaba que siguiera practicando y que le pedía que intentara una vez más la réplica, ahora entiendo por qué se desanimaba de mostrar sus obras ante los amigos pretenciosos de papá.

Por fin, la carta que le mandaron de la familia de Olivia, abrí el sobre ya rasgado para leer con atención.

El calor de mis manos corría la tinta al sostener la hoja tan fuertemente, al notarlo sequé mis manos con mi abrigo y logré terminar de leerla con una sensación de decepción.

Era una carta solicitando la ayuda de su prometido para organizar una sorpresa para Olivia, pensaba regalarle el cuadro el día de la boda.

¿Olivia estaba comprometida?

¿Desde cuando lo estaba y por que no lo sabía?

Había estado alejándose de su familia tantos años que no sabía lo que la alta sociedad planeaba para formar más lazos entre ellos, reconoció el apellido y supo que era el fotógrafo que ella había mencionado conocer en España.

Un sabor agrio en los labios lo obligó a buscar algo para comer, dejo la carta en la mesa y no le importó que notaran que había estado hurgando entre todas las cosas de su hermano.

Camino automáticamente al refrigerador y solo encontró la tibieza que era lógica, y dos cervezas quemadas al fondo.

Conectó el electrodoméstico y llamo por una pizza a domicilio, después ya no pensó en nada, pasó la noche sentado viendo la televisión y atragantándose.

¿Qué importaba ahora lo que sus amigos hagan con su vida?

Si Olivia quería casarse y formar una familia sin él, que mas daba, hace dos años lo habría festejado y le habría encantado la idea, ahora no sabía que sentir.

La amaba, o la admiraba, solo verla en el cuadro le producía ansiedad.

Arrojo su abrigo para cubrir el cuadro y terminó olvidándose del tema.

Parte cinco y el final.

POV HÉCTOR

–¿Qué es esto Héctor?

Helena sonreía emocionada al recibir un regalo previo a la boda.

–Es una canción que he escrito para ti.

Nuestra familia no tenía esa tradición de evitar verse antes de las bodas, nos obligaban a intercambiar regalos minutos antes de salir al altar, desde que dejamos de casarnos por interés, la costumbre se volvió más detallista que monetaria, mi bisabuela recibió lo equivalente a un estado de tierras mientras la peinaban.

Yo no tenía tanto dinero, pero había retomado las clases de guitarra y con ayuda de mi maestro le había compuesto una canción a mi futura esposa.

Entramos a su habitación de hotel donde estaba ella con su vestido de novia, se había decidido por uno pomposo, la tela era seda y encima de ella colocaron capas de tul impregnados de destellos colocados a mano, cuando caminaba parecía que llovían gotas de luz.

Se recogió el largo cabello rizado en un moño que adornó con perlas tejidas a hilos, algunos mechones caían a su espalda y parecía una sirena.

Decidió no llevar maquillaje en absoluto, quería que nuestros nietos la vieran tal cual era al observar las fotos de recuerdo, solo habían hecho algún tipo de tratamiento en la piel, sus cejas tupidas las cepillaron hacia arriba y yo no entendía mucho los detalles que también tuvieron con los labios y las pestañas.

Le entregué el sobre con la letra y notas, ella las abrió y noté un ligero brillo en sus ojos, parecía que contenía las lágrimas y entonces di la señal para que me entregaran mi guitarra.

Me arrodille y apoyándome de una pierna, abrace a la guitarra mientras comenzaba a cantarle, mis dedos eran temblorosos y mi voz desafino un par de veces, no era cantante, pero me daban celos que alguien más la cantara, quería que ella recordara mi voz.

Vivo enganchado a mi corazón, que me pide seguir

A ti, la estrella que guía en una noche fría

A ti, que me has armado de valor

Por mí, quédate a mi lado hasta el fin.

Sentir, así la vida es mejor, almenos la que me queda contigo

No quiero vivir por siempre si vacío estoy

Si recuerdo tu rostro solo al cerrar los ojos.

Mi bonita, ¿qué has hecho el día de hoy?

FIN

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